abril 10, 2025

Más allá del síntoma: hacia una psiquiatría integrativa y transpersonal

En un mundo que medicaliza cada crisis y clasifica cada matiz de la mente, sigo creyendo que la psiquiatría puede ser algo más: un espacio para escuchar, sostener y acompañar procesos que no caben en un diagnóstico.
Mi práctica ha nacido de unir la medicina convencional con la psicoterapia humanista, la filosofía profunda y la curiosidad por las tradiciones que desde siempre han explorado la conciencia. Con el tiempo he aprendido que, muchas veces, la pregunta no es “¿qué etiqueta pongo?”, sino “¿qué parte de esta historia aún no se ha escuchado?”.


Sostengo que toda crisis puede ser un umbral. Un umbral que, bien acompañado, nos obliga a cuestionar patrones, a replantear quiénes somos y hacia dónde vamos. Es aquí donde la psiquiatría integrativa y transpersonal tiene sentido: no se trata solo de reducir síntomas, sino de crear espacios para integrar cuerpo, mente y espíritu, honrando la singularidad de cada camino.


Mi mirada se alimenta de la ciencia, pero no se encierra en ella. Se apoya en la farmacología cuando es necesario, pero siempre preguntando si es la única vía. Se abre a prácticas contemplativas, a la sabiduría de estados expandidos de conciencia, y a la pregunta radical de cómo podemos sostener estos procesos con ética, seguridad y respeto profundo.
Hoy, cada vez más terapeutas, centros y buscadores comparten esta intuición: que la transformación genuina empieza cuando dejamos de imponer recetas universales y comenzamos a acompañar historias únicas. La contención ética y el cuidado responsable son el corazón de cualquier proceso de transformación genuina.


Ojalá esta pequeña reflexión sea la primera de muchas. Una invitación a repensar juntos la psiquiatría, a abrirla a lo transpersonal y a recordar, cada día, que detrás de cada síntoma habita una puerta que puede llevarnos —si nos atrevemos— a una conciencia más amplia y más humana.

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